sábado, 5 de marzo de 2016

3 - PRIMERA PARTE

CAPITULO 3.-
But I can tell by watching you
That there’s no chance of pushing through.
The odds are so against us.
You know most young love, it ends like this.3
TRADUCCION: «No digas que se ha acabado / porque es lo peor que / me puedes decir y te juro que / haré todo lo posible por estar aquí, / como a ti te gusta. / Aunque me cueste disimular, / dejar de lado mis sentimientos. / Cambiaré de planes y / me adaptaré a ti.»

El lunes por la mañana, cuando me despierto, estoy más nerviosa de lo
que esperaba. He tenido la cabeza tan ocupada con todo lo relacionado con
Tom que no me ha dado tiempo a procesar la fatalidad que se cierne sobre
mí; a saber: mi primer día de clase en otro instituto.
Por fin, mi madre y yo tuvimos oportunidad durante el fin de semana
de comprar ropa adecuada para este clima. Me pongo lo que elegí la
noche anterior y mis botas nuevas para la nieve. Me dejo el cabello suelto
por ahora, aunque me coloco una goma en la muñeca, por si me lo quiero
recoger, porque sé que lo haré.
Cuando acabo de asearme, voy a la cocina y cojo de la encimera mi
mochila y mi horario de clases. Como mi madre comenzó anoche el
nuevo horario nocturno en el hospital, he quedado en llevar a Kel a la
escuela. Cuando vivíamos en Texas, él y yo íbamos al mismo centro. En
realidad, todos los que vivíamos cerca de nuestro pueblo íbamos a aquel
colegio; aquí, en cambio, hay tantos centros educativos que tengo que
imprimir un mapa del distrito para asegurarme de llevarlo al que
corresponde.
Cuando nos detenemos frente a la escuela primaria, Kel enseguida
divisa a Bill y se apea corriendo, sin despedirse siquiera. ¡Hace que la
vida parezca tan simple...!
Por suerte, entre la escuela primaria y la secundaria sólo hay unas
cuantas manzanas, de modo que me sobra tiempo para localizar mi
primera clase. Me detengo en el aparcamiento de lo que me parece un
instituto inmenso y busco una plaza libre; encuentro una, pero queda
lejísimos del edificio y hay docenas de alumnos alrededor de sus
vehículos, conversando. Vacilo antes de apearme, pero, cuando lo hago,
advierto que nadie se fija en mí. No pasa como en las películas, en las que
la alumna nueva se baja del coche y, en cuanto pisa la hierba de la escuela
con los libros en la mano, todo el mundo deja de hacer lo que estaba
haciendo para observarla. Nada que ver. Me siento invisible y me agrada.
Supero la primera hora de matemáticas sin que me pongan deberes:
qué bien, porque pienso pasar toda la tarde con Tom. Esta mañana, al salir
de casa, he encontrado una nota suya en mi todoterreno. Lo único que
decía era: «Estoy impaciente por verte. Volveré a las cuatro».
Faltan siete horas y tres minutos.
La clase de historia no es más difícil. El profesor está dando apuntes
sobre las guerras púnicas, un tema que acabábamos de tocar en mi
instituto anterior. Me cuesta concentrarme, porque estoy —literalmente—
contando los minutos. El profesor es muy monótono y rutinario y, cuando
algo no me interesa, suelo ponerme a pensar en las musarañas. No paro de
fantasear con Tom. Me dedico a tomar notas de forma metódica,
esforzándome por prestar atención, cuando alguien me da un golpecito en
la espalda.
—Oye, déjame ver tu horario —me ordena una chavala.
Cojo mi horario con disimulo, lo doblo y lo sujeto con la mano
izquierda; me llevo la mano al hombro y lo dejo caer rápidamente sobre
su pupitre.
—¡Por favor! —dice en voz más alta—. El señor Hanson es medio
ciego y casi no oye. No te preocupes por él.
Contengo la risotada y me vuelvo hacia ella, mientras el señor
Hanson está de cara a la pizarra:
—Me llamo Layken.
—Eddie —se presenta.
La miro con expresión inquisitiva y ella pone los ojos en blanco.
—Ya lo sé. Me viene de familia, pero, como se te ocurra llamarme
«Eddie Espagueti», te parto la cara —me amenaza con afabilidad.
—Lo tendré en cuenta.
—Dabuten, coincidimos en la tercera hora —dice, mientras examina
mi horario— y es una putada encontrar el aula. No te separes de mí
después de clase y te mostraré dónde queda.
Eddie se inclina hacia delante para escribir algo y su sensual cabello
rubio se adelanta con ella. Le cae justo hasta por debajo de la barbilla, de
forma asimétrica. Lleva cada uña pintada de un color y, en las dos
muñecas, como quince pulseras que chocan y traquetean siempre que se
mueve. Tiene tatuada la silueta sencilla de un pequeño corazón negro en la
cara interna de la muñeca izquierda.
Cuando suena el timbre, me pongo de pie y Eddie me devuelve mi
horario. Mete la mano en el bolsillo de mi chaqueta, extrae mi teléfono y
se pone a teclear números. Observo el horario que me ha devuelto y veo
que está lleno de páginas web y números de teléfono en tinta verde. Eddie
me ve mirándolo y señala la primera dirección de la página.
—Ésta es mi página de Facebook, pero, si no me encuentras allí,
también estoy en Twitter. No me pidas mi nombre de usuario en MySpace,
porque eso es una mierda —me dice seria de pronto.
Recorre con el dedo los demás números apuntados en mi horario:
—Éste es el número de mi teléfono móvil, éste es el número de mi
casa y éste es el número de la pizzería Getty —dice.
—¿Trabajas allí?
—No, pero tienen una pizza buenísima. —Pasa a mi lado y voy tras
ella, pero se vuelve y me entrega mi teléfono—. Acabo de llamarme a mí
misma, así tengo tu número de teléfono yo también. ¡Ah! Y tienes que ir a
secretaría antes de la próxima hora.
—¿Para qué? ¿No me habías dicho que fuera contigo? —le pregunto
algo abrumada por mi nueva amiga.
—Es que para comer estás en el turno B y yo estoy en el A. Ve a
cambiarte al A y nos vemos en la tercera hora.
Y se marcha como si tal cosa.

La secretaría queda dos puertas más allá. La secretaria, la señora
Alex, es toda una artista poniendo los ojos en blanco, mientras me
imprime mi nuevo horario en el momento en el que suena el timbre que
indica el comienzo de la tercera hora.
—¿Sabe usted dónde queda el aula de esta optativa de inglés? —le
pregunto antes de marcharme.
Me da un montón de indicaciones muy poco claras, suponiendo que
sé dónde quedan el pasillo A y el pasillo D. Aguardo con paciencia a que
acabe y salgo de la oficina más confundida que antes.
Me pierdo por tres pasillos distintos, me meto en dos aulas
equivocadas y en un cuarto de limpieza. Giro en una esquina y, cuando por
fin encuentro el pasillo D, me siento aliviada. Apoyo la mochila en el
suelo y cojo el horario entre los labios para quitarme la goma de la
muñeca. Ni siquiera son las diez de la mañana y ya me estoy recogiendo el
pelo. ¡Es un día de aquéllos!
—¿Lake?
El corazón está a punto de saltárseme del pecho cuando oigo su voz.
Me doy la vuelta y veo a Tom a mi lado con expresión turbada. Me quito el
horario de la boca y sonrío e, instintivamente, le echo los brazos al cuello.
—¡Tom! ¿Qué haces aquí?
Me abraza a su vez, pero sólo por un instante; después me coge por
las muñecas y me baja los brazos.
—Lake —dice, moviendo la cabeza de un lado a otro—, ¿dónde...? ¿Qué haces aquí?
Suspiro y le clavo mi horario en el pecho.
—Estoy tratando de encontrar esta puñetera optativa, pero me he
perdido —rezongo—. ¡Ayúdame!
Retrocede un paso más hacia la pared.
—Lake, no —dice y me devuelve el horario sin mirarlo siquiera.
Me quedo un instante observando su reacción y advierto que parece
casi horrorizado de verme. Se vuelve y se sujeta la cabeza con las manos.
No comprendo por qué ha reaccionado así. Me quedo inmóvil, a la espera
de alguna explicación, cuando de pronto caigo en la cuenta: ha venido a
ver a su novia, una novia de la que no me ha hablado. Recojo mi mochila
con brusquedad y empiezo a alejarme, pero él me sujeta del brazo y me
obliga a detenerme.
—¿Adónde vas? —quiere saber.
Pongo los ojos en blanco y lanzo un breve suspiro.
—Lo comprendo, Tom. ¡De verdad! Te dejo tranquilo antes de que
nos vea tu novia.
En este momento, ya estoy tratando de contener las lágrimas, de
modo que me suelto y me alejo de él.
—¿Mi novia? No, Lake; me parece que no lo comprendes.
El sonido débil de unos pasos va subiendo de volumen rápidamente
cuando giran por la esquina del pasillo D. Veo a otro alumno que viene
disparado hacia nosotros.
—¡Menos mal! Pensé que llegaba tarde —dice el alumno al vernos en
el pasillo.
Se detiene delante del aula.
—Llegas tarde, Javier —responde Tom, mientras abre la puerta que
tiene a sus espaldas y le hace gestos para que entre—. Javi, enseguida
estoy con vosotros. Dile a la clase que disponen de cinco minutos para
repasar antes del examen.
Tom cierra la puerta tras él y de nuevo estamos solos en el pasillo.
Me he quedado sin nada de aire en los pulmones. Siento que aumenta la
presión en mi pecho a medida que voy asimilando esta nueva situación. No
es posible. No puede ser. ¿Cómo va a ser posible?
—Tom —susurro, porque no consigo recuperar el aliento—, por
favor, no me digas que...
Ha enrojecido y me mira con cara de pena, mientras se muerde el
labio inferior. Echa atrás la cabeza y mira al techo, frotándose la cara con
las palmas de las manos mientras va y viene por el pasillo entre las
taquillas y la puerta del aula. Con cada paso que da, alcanzo a ver la
insignia de profesor que oscila de un lado a otro, colgada de su cuello.
Apoya las manos planas sobre las taquillas y se golpea la frente
varias veces contra el metal; me he quedado paralizada y sin habla.
Lentamente deja caer las manos y se vuelve hacia mí.
—¿Cómo es posible que no me diera cuenta? ¿No has acabado aún el
instituto?


HOLA!!! LO SIENTO ES CORTO PERO HOY NO TENGO TIEMPO DE SUBIRLES OTRO ... MAÑANA LES COMPENSARE POR ESTE QUE ES CORTO ... 
TOM ES PROFESOR DE LA LAYKEN ... AHORA QUE?? MUAJA ... LAS DEJO CON LA DUDA ... 3 O MAS Y SUBO MAÑANA ... LO PROMETO ... ADIOS :))

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