CAPITULO
3.-
But I can tell by watching you
That there’s no chance of pushing through.
The odds are so against us.
You know most young love, it ends like this.3
TRADUCCION:
«No digas que se ha acabado / porque
es lo peor que / me puedes decir y te juro que / haré todo lo posible por estar
aquí, / como a ti te gusta. / Aunque me cueste disimular, / dejar de lado mis
sentimientos. / Cambiaré de planes y / me adaptaré a ti.»
El lunes
por la mañana, cuando me despierto, estoy más nerviosa de lo
que
esperaba. He tenido la cabeza tan ocupada con todo lo relacionado con
Tom que
no me ha dado tiempo a procesar la fatalidad que se cierne sobre
mí; a
saber: mi primer día de clase en otro instituto.
Por fin,
mi madre y yo tuvimos oportunidad durante el fin de semana
de
comprar ropa adecuada para este clima. Me pongo lo que elegí la
noche
anterior y mis botas nuevas para la nieve. Me dejo el cabello suelto
por
ahora, aunque me coloco una goma en la muñeca, por si me lo quiero
recoger,
porque sé que lo haré.
Cuando
acabo de asearme, voy a la cocina y cojo de la encimera mi
mochila
y mi horario de clases. Como mi madre comenzó anoche el
nuevo
horario nocturno en el hospital, he quedado en llevar a Kel a la
escuela.
Cuando vivíamos en Texas, él y yo íbamos al mismo centro. En
realidad,
todos los que vivíamos cerca de nuestro pueblo íbamos a aquel
colegio;
aquí, en cambio, hay tantos centros educativos que tengo que
imprimir
un mapa del distrito para asegurarme de llevarlo al que
corresponde.
Cuando
nos detenemos frente a la escuela primaria, Kel enseguida
divisa a
Bill y se apea corriendo, sin despedirse siquiera. ¡Hace que la
vida
parezca tan simple...!
Por
suerte, entre la escuela primaria y la secundaria sólo hay unas
cuantas
manzanas, de modo que me sobra tiempo para localizar mi
primera
clase. Me detengo en el aparcamiento de lo que me parece un
instituto
inmenso y busco una plaza libre; encuentro una, pero queda
lejísimos
del edificio y hay docenas de alumnos alrededor de sus
vehículos,
conversando. Vacilo antes de apearme, pero, cuando lo hago,
advierto
que nadie se fija en mí. No pasa como en las películas, en las que
la
alumna nueva se baja del coche y, en cuanto pisa la hierba de la escuela
con los
libros en la mano, todo el mundo deja de hacer lo que estaba
haciendo
para observarla. Nada que ver. Me siento invisible y me agrada.
Supero
la primera hora de matemáticas sin que me pongan deberes:
qué
bien, porque pienso pasar toda la tarde con Tom. Esta mañana, al salir
de casa,
he encontrado una nota suya en mi todoterreno. Lo único que
decía
era: «Estoy impaciente por verte. Volveré a las cuatro».
Faltan
siete horas y tres minutos.
La clase
de historia no es más difícil. El profesor está dando apuntes
sobre
las guerras púnicas, un tema que acabábamos de tocar en mi
instituto
anterior. Me cuesta concentrarme, porque estoy —literalmente—
contando
los minutos. El profesor es muy monótono y rutinario y, cuando
algo no
me interesa, suelo ponerme a pensar en las musarañas. No paro de
fantasear
con Tom. Me dedico a tomar notas de forma metódica,
esforzándome
por prestar atención, cuando alguien me da un golpecito en
la
espalda.
—Oye,
déjame ver tu horario —me ordena una chavala.
Cojo mi
horario con disimulo, lo doblo y lo sujeto con la mano
izquierda;
me llevo la mano al hombro y lo dejo caer rápidamente sobre
su
pupitre.
—¡Por favor!
—dice en voz más alta—. El señor Hanson es medio
ciego y
casi no oye. No te preocupes por él.
Contengo
la risotada y me vuelvo hacia ella, mientras el señor
Hanson
está de cara a la pizarra:
—Me
llamo Layken.
—Eddie
—se presenta.
La miro
con expresión inquisitiva y ella pone los ojos en blanco.
—Ya lo
sé. Me viene de familia, pero, como se te ocurra llamarme
«Eddie
Espagueti», te parto la cara —me amenaza con afabilidad.
—Lo
tendré en cuenta.
—Dabuten,
coincidimos en la tercera hora —dice, mientras examina
mi
horario— y es una putada encontrar el aula. No te separes de mí
después
de clase y te mostraré dónde queda.
Eddie se
inclina hacia delante para escribir algo y su sensual cabello
rubio se
adelanta con ella. Le cae justo hasta por debajo de la barbilla, de
forma
asimétrica. Lleva cada uña pintada de un color y, en las dos
muñecas,
como quince pulseras que chocan y traquetean siempre que se
mueve.
Tiene tatuada la silueta sencilla de un pequeño corazón negro en la
cara
interna de la muñeca izquierda.
Cuando
suena el timbre, me pongo de pie y Eddie me devuelve mi
horario.
Mete la mano en el bolsillo de mi chaqueta, extrae mi teléfono y
se pone
a teclear números. Observo el horario que me ha devuelto y veo
que está
lleno de páginas web y números de teléfono en tinta verde. Eddie
me ve
mirándolo y señala la primera dirección de la página.
—Ésta es
mi página de Facebook, pero, si no me encuentras allí,
también
estoy en Twitter. No me pidas mi nombre de usuario en MySpace,
porque
eso es una mierda —me dice seria de pronto.
Recorre
con el dedo los demás números apuntados en mi horario:
—Éste es
el número de mi teléfono móvil, éste es el número de mi
casa y
éste es el número de la pizzería Getty —dice.
—¿Trabajas
allí?
—No,
pero tienen una pizza buenísima. —Pasa a mi lado y voy tras
ella,
pero se vuelve y me entrega mi teléfono—. Acabo de llamarme a mí
misma,
así tengo tu número de teléfono yo también. ¡Ah! Y tienes que ir a
secretaría
antes de la próxima hora.
—¿Para
qué? ¿No me habías dicho que fuera contigo? —le pregunto
algo
abrumada por mi nueva amiga.
—Es que
para comer estás en el turno B y yo estoy en el A. Ve a
cambiarte
al A y nos vemos en la tercera hora.
Y se
marcha como si tal cosa.
La
secretaría queda dos puertas más allá. La secretaria, la señora
Alex, es
toda una artista poniendo los ojos en blanco, mientras me
imprime
mi nuevo horario en el momento en el que suena el timbre que
indica
el comienzo de la tercera hora.
—¿Sabe
usted dónde queda el aula de esta optativa de inglés? —le
pregunto
antes de marcharme.
Me da un
montón de indicaciones muy poco claras, suponiendo que
sé dónde
quedan el pasillo A y el pasillo D. Aguardo con paciencia a que
acabe y
salgo de la oficina más confundida que antes.
Me
pierdo por tres pasillos distintos, me meto en dos aulas
equivocadas
y en un cuarto de limpieza. Giro en una esquina y, cuando por
fin
encuentro el pasillo D, me siento aliviada. Apoyo la mochila en el
suelo y
cojo el horario entre los labios para quitarme la goma de la
muñeca.
Ni siquiera son las diez de la mañana y ya me estoy recogiendo el
pelo.
¡Es un día de aquéllos!
—¿Lake?
El
corazón está a punto de saltárseme del pecho cuando oigo su voz.
Me doy
la vuelta y veo a Tom a mi lado con expresión turbada. Me quito el
horario
de la boca y sonrío e, instintivamente, le echo los brazos al cuello.
—¡Tom!
¿Qué haces aquí?
Me
abraza a su vez, pero sólo por un instante; después me coge por
las
muñecas y me baja los brazos.
—Lake
—dice, moviendo la cabeza de un lado a otro—, ¿dónde...? ¿Qué haces aquí?
Suspiro y
le clavo mi horario en el pecho.
—Estoy
tratando de encontrar esta puñetera optativa, pero me he
perdido
—rezongo—. ¡Ayúdame!
Retrocede
un paso más hacia la pared.
—Lake,
no —dice y me devuelve el horario sin mirarlo siquiera.
Me quedo
un instante observando su reacción y advierto que parece
casi
horrorizado de verme. Se vuelve y se sujeta la cabeza con las manos.
No
comprendo por qué ha reaccionado así. Me quedo inmóvil, a la espera
de
alguna explicación, cuando de pronto caigo en la cuenta: ha venido a
ver a su
novia, una novia de la que no me ha hablado. Recojo mi mochila
con
brusquedad y empiezo a alejarme, pero él me sujeta del brazo y me
obliga a
detenerme.
—¿Adónde
vas? —quiere saber.
Pongo
los ojos en blanco y lanzo un breve suspiro.
—Lo
comprendo, Tom. ¡De verdad! Te dejo tranquilo antes de que
nos vea
tu novia.
En este
momento, ya estoy tratando de contener las lágrimas, de
modo que
me suelto y me alejo de él.
—¿Mi
novia? No, Lake; me parece que no lo comprendes.
El
sonido débil de unos pasos va subiendo de volumen rápidamente
cuando
giran por la esquina del pasillo D. Veo a otro alumno que viene
disparado
hacia nosotros.
—¡Menos
mal! Pensé que llegaba tarde —dice el alumno al vernos en
el
pasillo.
Se
detiene delante del aula.
—Llegas
tarde, Javier —responde Tom, mientras abre la puerta que
tiene a
sus espaldas y le hace gestos para que entre—. Javi, enseguida
estoy
con vosotros. Dile a la clase que disponen de cinco minutos para
repasar
antes del examen.
Tom
cierra la puerta tras él y de nuevo estamos solos en el pasillo.
Me he
quedado sin nada de aire en los pulmones. Siento que aumenta la
presión
en mi pecho a medida que voy asimilando esta nueva situación. No
es
posible. No puede ser. ¿Cómo va a ser posible?
—Tom
—susurro, porque no consigo recuperar el aliento—, por
favor,
no me digas que...
Ha
enrojecido y me mira con cara de pena, mientras se muerde el
labio
inferior. Echa atrás la cabeza y mira al techo, frotándose la cara con
las
palmas de las manos mientras va y viene por el pasillo entre las
taquillas
y la puerta del aula. Con cada paso que da, alcanzo a ver la
insignia
de profesor que oscila de un lado a otro, colgada de su cuello.
Apoya
las manos planas sobre las taquillas y se golpea la frente
varias
veces contra el metal; me he quedado paralizada y sin habla.
Lentamente
deja caer las manos y se vuelve hacia mí.
—¿Cómo
es posible que no me diera cuenta? ¿No has acabado aún el
instituto?
HOLA!!! LO SIENTO ES CORTO PERO HOY NO TENGO TIEMPO DE SUBIRLES OTRO ... MAÑANA LES COMPENSARE POR ESTE QUE ES CORTO ...
TOM ES PROFESOR DE LA LAYKEN ... AHORA QUE?? MUAJA ... LAS DEJO CON LA DUDA ... 3 O MAS Y SUBO MAÑANA ... LO PROMETO ... ADIOS :))
No puede seeeeeer, flipooooo
ResponderEliminarSigue porfisss
Nooo! Esto traera problemas.
ResponderEliminarSiguelaaa :)
Seguilaaa por fabor:)))))))
ResponderEliminarMe encantooo espero el próximo cap..
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